Mónica Duque · Salón Seensay - Premio Comercio a la Innovación y Digitalización 2025

“Las peluquerías entran por los ojos”

Vinculada desde su juventud al sector de peluquería y belleza, abrió su primer salón en 2012, un negocio moderno y multifuncional que no hace mucho mudó a su actual ubicación en la calle Cádiz. Vivaracha y siempre sonriente, sostiene que en las peluquerías se hacen amigos, que ella no se rige demasiado por las modas y que la mayor parte de su clientela, en un alto porcentaje mujeres, se mueven entre los 35 y 55 años. Reconocida por peinar a novias, asegura que el peor momento es con mucho el día de la prueba; admite que hablar en público le pone los pelos de punta; y avanza divertida su ilusión por que sus dos hijos, que ya se forman para seguir sus pasos, le jubilen pronto.

“Lo primordial es que el cliente venga a tu salón y entre por la puerta sin conocerte. Y en esto, además de la imagen, juega un papel fundamental la digitalización”

“Los hombres no llevan bien la caída del cabello y las mujeres las arrugas. ¡Hasta las canas se han vuelto modernas!”

“Hay que saber lavarse bien la cabeza. Hay que hacerlo suavemente, con muy poca fricción y con las yemas de los dedos. Y con agua tibia”

Pregunta.– El Ayuntamiento de Santander acaba de distinguirle con el premio al mejor comercio a la innovación y digitalización. ¿Se lo esperaba?

Respuesta.– No, en absoluto. Y realmente me ha hecho mucha ilusión. Presenté nuestra candidatura porque creo que digitalmente estamos muy bien posicionados. Nosotros estamos digitalizados desde que empezamos en 2012.

P.–Colegas suyos mantienen que las peluquerías son el alma de los barrios. ¿Tienen razón?

R.– Si, la tienen. Porque la peluquería es, además, un espacio en el que los clientes se abren a las peluqueras. Aquí se genera una confianza entre cliente y peluquera.

P.–A usted, ¿qué le pone los pelos de punta?

R.– No sé si de punta, pero me pongo muy nerviosa cuando tengo que hablar en público. Aunque no lo parezca, soy muy vergonzosa. Soy mucho más simpática en las distancias cortas.

P.–Aunque en el mundo de la peluquería la mayoría de los profesionales son mujeres, los premios y reconocimientos suelen recaer en los hombres. ¿Hay que luchar por dar visibilidad a la mujer en este sector?

R.– Sí, aún sí. Y la verdad es que no entiendo por qué suele ser así. Hay mujeres fantásticas. Una de mis mayores referencias es la australiana Sharon Blain. He aprendido mucho en sus cursos.

 

 

 

P.–Encontrar una buena peluquería no siempre resulta una tarea sencilla. La elegida debe cumplir ciertos requisitos como son la buena atención, el precio, la facilidad para encontrar cita y, por supuesto, la mano de sus profesionales. ¿Importa el orden?

R.– Sí. Lo primordial es que el cliente venga a tu salón y entre por la puerta sin conocerte. Y en esto juega un papel fundamental la digitalización, además de cómo sea la peluquería, de cuál sea la imagen que proyectas porque los clientes no van a cualquiera. La peluquería entra por los ojos. Una vez conseguido, ya vendrá después el precio y la atención y el servicio que prestas.

P.–Maquilladora, peluquera, estilista, esteticista… ¿Con qué se queda?

R.– [Se lo piensa]. Me quedo con todo porque me gusta todo. Pero sí es cierto que se me reconoce más como peluquera, singularmente de novias, que como maquilladora, y eso que también me encanta. Quizá soy de las pocas maquilladoras que utiliza el aerógrafo.

P.–Además de cortar, teñir, lavar o peinar en ocasiones también les toca hacer de psicólogos de sus clientes. ¿Los peluqueros son terapeutas con tijeras?

R.– Sí, totalmente. Tenemos una paciencia infinita y, sobre todo, sabemos escuchar. En la peluquería acabamos siendo amigos de nuestros clientes. Al final, es muy difícil desconectar y muchas veces te implicas y te conviertes en psicólogo, psiquiatra, pediatra, médico de cabecera… El peluquero es todo.

P.–¿Qué no puede faltar nunca en un centro de peluquería y estética como el suyo?

R.– Pues la verdad es que no falta de nada. No faltan nunca productos de primera calidad, ni tampoco una sonrisa y un atento y esmerado servicio. Tengo de todo.

P.–Estamos más ocupados y preocupados que nunca por nuestro cabello y salud corporal. ¿Verdad o mentira?

R.– Verdad. Ahora más que nunca. Tanto los hombres como las mujeres. A ellos les preocupa sobre todo la calidad del cabello y a las mujeres, las arrugas. Hay muchas que no están dispuestas a envejecer. La imagen es importantísima. Los hombres no llevan bien la caída del cabello y las mujeres las arrugas. ¡Hasta las canas se han vuelto modernas!.

P.–¿Quién cambia más de estilo de peinado, las mujeres o los hombres?

R.– En mi peluquería, las mujeres. Somos más atrevidas. Y también nosotras les ayudamos a que lo hagan. El cambio normalmente lo proponemos nosotras porque a muchas clientas le da miedo cambiar.

P.–Algunas peluquerías empiezan a implantar en sus salones la ‘silla del silencio’ para hacer frente al chismorreo que históricamente ha presidido este tipo de espacios. ¿Lo encuentra razonable?

R.– Bueno. No lo conocía. Aquí no tenemos chismorreo. De hecho, tenemos muy pocas revistas del corazón. Es más, muchas clientas aprovechan el tiempo para trabajar con el ordenador o el móvil. Este es un negocio moderno y multifuncional y un espacio de tranquilidad.

P.–¿Es bueno lavarse el pelo todos los días?

R.– Ni bueno ni malo. Depende de la persona. Lo que tienes que saber es lavarte bien la cabeza. Tienes que hacerlo suavemente, con muy poca fricción y con las yemas de los dedos. Y con agua tibia.

P.–Su salón está especializado en bodas y ceremonias. En estos casos, ¿cuál es el mayor desafío, la presión del tiempo o que el resultado sea impecable y duradero?

R.– El día de la boda, la mayor presión es el tiempo y el resultado. Hay que saber jugar con los nervios de la novia y generar buen ambiente. Lo peor para mí es el día de la prueba porque no solo tienes que contentar a la novia, sino también a sus acompañantes. Y satisfacer a todos no siempre es fácil. Prefiero que vengan acompañadas con personas que ese día le hagan realmente feliz y no le provoquen ansiedad o nerviosismo.

P.–Hace unos años, Lluís Llongueras sostenía que él no hace peinados, sino composiciones de pelo sobre las caras. ¿Acierta?

R.– Claro que sí. Y ahora lo llamamos estilismo. Al final, no peinas, lo que haces es un estudio de la estructura de la cara para ver qué peinado te sienta mejor. Una cosa son las modas y otra lo que a cada uno le sienta bien.

 

 

En corto
  1. El servicio más demandado
  2. Color.
  3. Lo más ‘in’ ahora mismo
  4. La técnica de balayage en distintas tonalidades.
  5. Un corte de pelo que viene
  6. Vienen muchos. Pero por decir alguno, el bob con textura y el pixie soft.
  7. Uno que nunca pasa de moda
  8. El shaggy midi. Un corte largo con capas.
  9. Y una tendencia en manicura (diseño de uñas)
  10. La combinación de estilos naturales y experimentales como son los acabados metálicos, las texturas 3D y los efectos perlados.
  11. Dígame un buen consejo capilar
  12. Acabar el peinado con aire frío para quitar el frizz.

 

SALÓN SEENSAY
C. Cádiz, 18, 39002 Santander, Cantabria
www.seensay.es