Café Comercial: La ciudad la hacen los comerciantes · La Conchita
Pedro tiene una memoria privilegiada y con cariño nos ha contado en este café tan especial toda su historia. En 1908 su abuela, que se llamaba Encarnación quería comenzar un negocio. En aquella época una mujer no podía desarrollar libremente negocios o “quehaceres” comerciales sin la aceptación y/o apoyo de su marido. Así que Encarnación finalmente consigue que su marido la acompañe en la idea de emprender un negocio y ella que tenía una hermana que estaba soltera y se llamaba Conchita, decidió usar este nombre para el negocio.
Su marido era electricista y trabajaba fuera de Santander, encargado de unas minas en la provincia por la zona de Potes y lógicamente estaba meses fuera de casa en las minas.
Todo comenzó en la calle Atarazanas, cerca de la Catedral donde comenzó Encarnación a vender. De aquella época Pedro aprendió el dicho que se ha trasladado de generación en generación: “Calle mojada, cajón seco” porque como dice Pedro en aquella época en Santander llovía de verdad, las mujeres llevaban vestidos hasta el suelo y sumamos que seguramente las calles serían barro y piedra.
Tuvieron cuatro hijos. Uno de estos niños era el padre de Pedro, que cuenta que como en aquella época no había televisión se dedicaban a otras cosas. Comenzó a trabajar en un comercio desde muy joven, que se llamaba “El rey de las Medias”, que antiguamente eran de seda, luego pasaría a inventarse el nylon. Pero más tarde acabaría trabando en La Conchita.
En el año 1936 llega la Guerra. Aquí hay un stand-by en la tienda y hasta el año 1939, que volvieron con un hermano menos que falleció en combate, llegaron de nuevo al hogar.

Su padre se casó y a los 9 meses justos, en el año 1940 nació Pedro, mellizo con una chica una buena noticia la llegada de los primeros hijos al matrimonbio. Pero en el año 1941 llega una malísima notica, el famoso y devastador incendio de Santander que arrasa con la tienda. Cuenta Pedro que su padre no consiguió recuperar nada, con dos hijos recién nacidos y en su tienda repleta de productos convertida en POLVO…
Su padre no podía estar quieto y descubrió en el local actual, no completo porque en aquella época era sólo una pequeña parte, pero vió como un barbero dejaba este pequeño local y decidió comenzar una nueva vida comercial allí en abril, a dos meses del incendio y seguir trabajando para salir adelante.
Y poco a poco la estrategia de Pedro y su padre fue la de ir haciendo grande el local, ir adquiriendo más superficie y poder presentar más material.
Sus hijas Ana y Marián, comenzaron a trabajar desde bien jóvenes en “La Conchita” y nos cuentan como anécdota que algo imprescindible en la tienda es el orden absoluto al que ya están muy acostumbradas y que Pedro, su padre les ha exigido desde sus comienzos en la tienda. Y es cierto que el orden de la Conchita es impresionante en todos los rincones, baldas y estanterías.








Premio trayectoria del Comercio en 2012
Es indudable que este precio otorgado es merecidísimo, cuatro generaciones familiares con el negocio que hoy en día sigue al pie del cañón con sus hijas Ana, Marián y su compañera María Eugenia.
Pedro ha sabido amoldarse a los tiempos, al igual que su padre y sus abuelos, y sigue junto con sus hijas luchando por el día a día en las calles de Santander.
Dice que nadie se hace rico con lo que gana, una frase muy profunda que da mucho que pensar.
Pedro y familia, ha sido maravilloso este café lleno de historias, de lucha continua y cambio con los tiempos y las modas para poder ofrecer a los santanderinos un comercio de calidad.
LA CONCHITA
Calle Isabel II, 3, 39002 Santander, Cantabria