Dirige el primer concept store que abrió sus puertas en Santander, ahora hace más de tres años. Un luminoso y estimulante espacio de 280 metros cuadrados que aúna arte, cultura y moda. Reivindica el valor de lo antiguo como proyección moderna y apuesta por la diferenciación como estrategia competitiva frente a las grandes superficies y franquicias. Rodeada de cuadros, se declara optimista por naturaleza y que le gustaría pintar el futuro de blanco brillante, a la par que reivindica más apoyo institucional para que el pequeño comercio, la identidad de una ciudad, según asegura, ocupe el lugar que realmente le corresponde.

 

 

Pregunta.– Las cifras que figuran en el nombre comercial recuerdan el año de construcción del edificio en que se asienta y reivindican de alguna manera el Santander antiguo. ¿Nostalgia del pasado?

Respuesta.– No es nostalgia, aunque seguramente algo haya de eso también. En este caso lo que hemos querido es poner en valor el Santander antiguo porque nos parece muy importante respetar tanto la arquitectura como en general las artes y oficios antiguos. Un ejemplo son los kimonos japoneses, unas piezas antiguas que tenemos en este espacio, o los cuévanos de Villacarriedo, como arte tradicional que también queremos recuperar. En definitiva, apostamos por reivindicar lo antiguo como proyección moderna y hacia el futuro.

P.– Un concept store que aúna comercio y cultura. ¿Satisfecha de esta maridaje?

R.– Difícil maridaje, pero que por supuesto creemos que ha funcionado. De hecho, si algo tiene de originalidad la marca La Central 1897 es haber conseguido aunar estas dos facetas. Por otro lado, y sin querer escandalizar a nadie, también creo que cuando un cuadro o un libro se pone a la venta, también es comercio; del mismo modo que, cuando un diseñador crea una pieza o una prenda, también es cultura.

P.– Asegura que su tienda es un espacio multidisciplinar para compartir con el sello personal de artistas, diseñadores y emprendedores. ¿Una nueva ventana abierta al mundo creativo?

R.– Este proyecto ha surgido de forma espontánea por la propia necesidad de los artistas y creadores. Y yo lo único que hice, como empresaria de organización de eventos que es lo que más nos dedicamos, fue verlo y unirlo. Dicho esto, echo de menos más naturalidad y dejarse llevar por lo que está surgiendo en la calle. Los encorsetamientos siguen existiendo e impidiendo de algún modo avanzar y adaptarnos a estos tiempos tan diferentes.

P.– La pandemia ha acorralado a muchos comercios de la ciudad, pero también ha puesto sobre la mesa la necesidad de adaptarse a los nuevos canales de venta y de usos y hábitos de los clientes. ¿Necesito, luego imagino, que diría el escritor Carlos Fuentes?

R.– Creo que lo que hay que hacer es soltar amarras y saber adaptarse constantemente a lo que ocurre, semana a semana. El futuro es muy incierto y, por eso, es imprescindible ir ligero de equipaje. Es decir, intentar eliminar gastos, negociar con los proveedores y los propietarios de los locales… De otro lado, es evidente que la venta no presencial es ahora, con el teletrabajo o los confinamientos, más importante que nunca

 

"Estar hoy a pie de calle en un comercio es una locura.

Cada vez el margen que deja es menor y los riesgos y preocupaciones mayores”

 

P.– La coivd-19 ha disparado el ritmo de expansión del comercio virtual, que ya representan alrededor del 20% del total de ventas de bienes y servicios en el mundo. ¿También en su caso?

R.– Nosotros hemos abierto recientemente nuestra tienda online, a pesar de las dificultades inherentes a nuestro espacio que es, en realidad, la suma de pequeños multiespacios. Estamos muy satisfechos pero a la vez somos conscientes de la dificultad de su adecuada gobernanza, lo que en nuestro caso nos ha obligado a contratar a una persona. Es un riesgo más, es apostar más y no sé si en estos momentos todos el mundo está en condiciones de crear un nuevo puesto de trabajo. Por eso, desde aquí quiero reivindicar la colaboración activa de las instituciones para, por ejemplo, poner a disposición de los comerciantes personal de apoyo o becarios que, a la vez que completan y profundizan en su formación, se encarguen de estas páginas y nos descarguen de tanto trabajo. El pequeño comercio necesita ayuda para la gestión de estas plataformas tan esenciales.     

P.– Cercanía, confianza y sostenibilidad. ¿Las tres armas para competir a pie de calle?

R.– Sí. Son buenos instrumentos, qué duda cabe. Yo añadiría además la diferenciación porque, al final, es fundamental ofrecer algo que no tengan sobre todo las grandes superficies o las franquicias. Nuestros pequeños grandes tesoros, que tenemos aquí.   

 

 

“Echo de menos más naturalidad y dejarse llevar por lo que está surgiendo en la calle. Los encorsetamientos siguen existiendo

e impidiendo de algún modo avanzar y adaptarnos a estos tiempos tan diferentes”

 

P.– Durante estos meses las administraciones local y autonómica han lanzado diferentes campañas para recordar a los consumidores los valores y la importancia del comercio tradicional y de paso incentivar las compras en estos establecimientos. ¿Toda ayuda es poca?

R.– Volvemos a lo mismo. Toda ayuda es poca, pero la ayuda debe ir dirigida y bien enfocada a lo que realmente necesitamos. Aplaudo y agradezco las campañas puestas en marcha para promocionar el comercio local. Están muy bien y desde luego que suman, pero, modestamente y sin que nadie se ofenda, creo que no se puede empezar por ahí y que son insuficientes. Creo que, estos momentos, sería más importante no promover puestos de artesanía y mercadillos que a los comerciantes tradicionales nos hacen mucho daño. Son acciones que sin duda animan la calle, pero con las que creo que hay que tener mucho cuidado. Nosotros también vivimos de los turistas y también reclamamos iniciativas para que vengan a nuestros comercios. O que nos dejen a nosotros también salir a la calle.

P.– Muchos expertos opinan que los problemas del pequeño comercio no provienen solo del boom de la venta online y del coronavirus, sino de otros factores, como pueden ser los altos costes de arrendamiento, la competencia de los grandes espacios comerciales y los cambios en el tamaño y la composición de la población. ¿Lo comparte?

R.– Totalmente. Por ahí empiezan nuestros problemas. Los precios de los locales en Santander son inaccesibles.  Además, con precios cerrados y mucha dificultad para negociar que, en muchas ocasiones, no obedecen a la oferta y demanda.

P.– Las rebajas, ¿son para el verano y el invierno o para todo el año?

R.– No creo en las rebajas. Nosotros hacemos precios especiales en septiembre, pero no hacemos rebajas y nos funciona. Creo, además, que el público nos lo respeta. En cualquier caso, estimo que debería existir una regulación de los periodos de rebajas, al igual que ocurre con las aperturas dominicales.

P.– La continuidad de muchos negocios topa con la falta de relevo generacional. ¿Nadie quiere ser tendero?

R.– Claro. Es normal. Todos conocemos las sagas familiares de grandes comercios de Santander y España. Pero estar hoy a pie de calle en un comercio es una locura. Cada vez el margen que deja es menor y los riesgos y preocupaciones mayores. Lógicamente, esta situación no anima a nadie a coger el testigo.

P.– El turismo es fundamental para la supervivencia de muchos comercios. ¿Con el cliente local no se subsiste?

R.– El turismo es muy necesario. En general, los comercios vivimos en un porcentaje altísimo de los turistas y de las personas con segundas residencias. Que no se me malinterprete, pero desconozco cuál es el motivo por el que a los santanderinos les cuesta comprar en los pequeños comercios de la ciudad. Un apunte: el Zara más rentable por número de habitantes de toda España es el de Santander. Por ello, cada vez es más fundamental el comercio online. El 80% de los clientes de La Central 1897 son personas de fuera de Cantabria.

P.– El comercio y las tiendas de barrio son la identidad de una ciudad; pequeños lugares de encuentro donde las personas socializan y que a nadie le interesa que desaparezcan. ¿Verdad o mentira?

R.– Verdad. Cuando vas a un sitio nuevo, ¿qué buscas? comer y comprar, además de ocio y cultura. Si pierdes el comercio, de algún modo también pierdes la identidad.

P.– Por favor, pínteme el futuro de un color.

R.– Yo soy súper optimista. Entonces lo pintaría de azul, que es mi color favorito; de verde, porque es el color esperanza; y con una pincelada de gris clarito porque, no nos podemos engañar, nadie sabe hacia dónde vamos.

 

  

 

En corto

El mejor regalo
El hecho con cariño y dedicación.

Una prenda que nunca pasa de moda
Un kimono japonés.

Una imprescindible
Un vaquero.

Bueno, bonito y barato. ¿Existe?
Sí, existe. Pero hay que buscarlo y los comerciantes intentar ofrecerlo.

Un buen complemento femenino
Un bolso.

¿Y lo mejor para el hombre?
La calidad en las prendas. Ya que tienen poco donde elegir.

Regale arte. ¿En qué piensa?
En La Central 1897 y en todo lo que puedes encontrar: pintura, escultura y libros.